Ariel como contraparte y simulador judicial: cómo fortalecer una estrategia jurídica con inteligencia artificial
Introducción
Una estrategia jurídica puede parecer sólida hasta que alguien intenta desmontarla.
Antes de presentar una demanda, contestar una reclamación o definir la teoría de un caso, el abogado normalmente analiza por qué su posición debería prosperar. Sin embargo, una preparación realmente completa exige formular también la pregunta contraria: ¿por dónde podría atacarme la otra parte?
La inteligencia artificial jurídica abre una posibilidad especialmente útil para ese ejercicio. Ariel puede utilizarse no solo para investigar, organizar documentos o apoyar la redacción de escritos, sino también para examinar un expediente desde perspectivas diferentes: la propia, la de la contraparte e incluso una posición neutral semejante a la que asumiría un juez al estudiar la controversia.
El propósito no es sustituir al abogado ni predecir una sentencia. Es someter la estrategia a una prueba de resistencia antes de que lo haga la contraparte.
De pedir respuestas a poner la estrategia a prueba
Uno de los usos más frecuentes de la inteligencia artificial en el ámbito jurídico consiste en solicitar la elaboración o revisión de documentos. Puede utilizarse para estructurar una demanda, resumir un expediente, organizar argumentos o localizar información relevante.
Pero el análisis puede ir mucho más allá.
Una vez construida una posición jurídica, el abogado puede cargar en Ariel la demanda, la contestación, contratos, comunicaciones, pruebas documentales y demás información relevante, y pedirle que analice el mismo caso desde la posición contraria.
Por ejemplo:
“Actúa como abogado de la parte demandada. Analiza la demanda y los documentos aportados e identifica los cinco argumentos más fuertes para oponerte a las pretensiones. Separa los problemas jurídicos, procesales y probatorios y señala qué afirmaciones de la parte demandante cuentan con soporte insuficiente.”
La diferencia es importante.
En lugar de utilizar la inteligencia artificial exclusivamente para fortalecer aquello que el abogado ya piensa, se utiliza para cuestionarlo.
Ariel como contraparte: identificar el ataque antes de recibirlo
En cualquier litigio existe el riesgo de desarrollar una visión excesivamente favorable de la propia teoría del caso. Quien ha trabajado durante semanas en una posición conoce profundamente sus argumentos, pero precisamente por ello puede asumir como evidentes hechos, interpretaciones o conclusiones que la contraparte no necesariamente aceptará.
Utilizar Ariel como contraparte permite introducir deliberadamente una perspectiva adversarial.
La herramienta puede analizar, entre otros aspectos:
- hechos que fueron afirmados pero no se encuentran suficientemente acreditados;
- contradicciones entre documentos;
- posibles excepciones procesales o sustanciales;
- problemas de legitimación;
- prescripción o caducidad, cuando resulten aplicables;
- debilidades en el nexo causal;
- interpretaciones jurídicas alternativas;
- ausencia de determinados elementos probatorios;
- pretensiones que podrían exceder lo demostrado en el expediente.
También puede pedirse que no construya argumentos artificialmente débiles.
Una instrucción especialmente útil sería:
“Construye la mejor defensa jurídicamente posible frente a esta demanda. No intentes confirmar mi posición. Identifica los argumentos que representarían un mayor riesgo para el demandante y explica qué elementos probatorios necesitaría la parte demandada para sostenerlos.”
El resultado funciona como una especie de prueba de estrés de la estrategia jurídica.
Si el argumento propio resiste una revisión adversarial exigente, la posición se fortalece. Si aparecen vacíos, contradicciones o riesgos que no habían sido considerados, el abogado todavía puede corregirlos antes de enfrentarlos dentro del proceso.
Después de la contestación: confrontar las dos versiones del caso
El análisis adversarial también puede utilizarse cuando ya existen posiciones procesales enfrentadas.
Supongamos que Ariel tiene acceso tanto a la demanda como a la contestación. El abogado puede pedirle que compare ambos documentos e identifique:
- qué hechos fueron aceptados;
- cuáles fueron controvertidos;
- qué pretensiones fueron atacadas directamente;
- qué argumentos quedaron sin respuesta;
- qué excepciones pueden resultar relevantes;
- qué hechos requieren mayor actividad probatoria;
- dónde existen contradicciones entre las versiones de las partes.
A partir de ese análisis también puede pedirse a Ariel que relacione cada punto relevante del caso con tres elementos concretos: el soporte probatorio disponible, el ataque que probablemente formularía la contraparte y el nivel de riesgo que representa para la estrategia.
Por ejemplo, frente a un hecho principal puede existir un documento que lo respalde, pero la contraparte podría cuestionar la interpretación que se hace de él. En materia de nexo causal, es posible que existan indicios o evidencia indirecta, pero todavía falte un elemento probatorio más contundente. Una pretensión económica, por su parte, puede encontrarse sustentada documentalmente y aun así ser vulnerable si la metodología utilizada para calcularla puede ser controvertida.
Este tipo de revisión permite que el expediente deje de ser una acumulación de documentos y se convierta en un mapa estratégico del litigio.
El verdadero problema: ¿tenemos el derecho o podemos probarlo?
Existe una diferencia fundamental entre tener un argumento jurídicamente defendible y contar con material suficiente para demostrarlo.
La inteligencia artificial puede ayudar a hacer visible esa diferencia.
Por ejemplo, puede pedirse a Ariel:
“Identifica cada hecho relevante para las pretensiones y señala qué documento o elemento probatorio lo respalda. Si un hecho determinante no cuenta con soporte suficiente dentro de los archivos suministrados, indícalo expresamente.”
Este ejercicio puede revelar que una teoría jurídicamente coherente depende de hechos que todavía no se encuentran acreditados.
Esa información resulta especialmente útil antes de iniciar un litigio. Permite determinar qué documentos deben conseguirse, qué personas podrían aportar información relevante, qué aspectos requieren mayor investigación y cuáles afirmaciones deberían formularse con mayor cautela.
La pregunta deja de ser únicamente “¿tengo razón jurídicamente?” y pasa a incluir otra igualmente importante: “¿puedo demostrarlo dentro de un proceso?”.
¿Y si Ariel analiza el expediente como lo haría un juez?
También es posible solicitar una lectura neutral del caso.
Esto no significa que Ariel se convierta en juez ni que pueda predecir con certeza el sentido de una sentencia. Significa que puede recibir instrucciones para abandonar temporalmente la posición de una de las partes y analizar el expediente considerando simultáneamente los argumentos enfrentados.
Una instrucción podría ser:
“Analiza este expediente desde una perspectiva neutral. Identifica los problemas jurídicos que deberían resolverse, determina qué hechos se encuentran acreditados con los documentos aportados, cuáles permanecen controvertidos y qué argumentos favorecen a cada parte. Presenta posibles escenarios de decisión y explica qué elementos serían determinantes en cada uno.”
El objetivo no debería ser obtener una respuesta del tipo “ganará la parte demandante”.
Un resultado jurídicamente más responsable sería establecer escenarios condicionados:
Escenario A: la pretensión tendría mayor posibilidad de prosperar si determinado hecho se considera probado.
Escenario B: la defensa se fortalece si el documento central admite una interpretación diferente.
Escenario C: existe una incertidumbre probatoria que impide formular una conclusión sólida con la información disponible.
Este enfoque obliga a pensar el litigio en términos de variables y no de certezas artificiales.
La inteligencia artificial no sustituye al juez
La Corte Constitucional colombiana examinó directamente el uso de inteligencia artificial en decisiones judiciales en la Sentencia T-323 de 2024.
La Corte reconoció que estas herramientas pueden apoyar determinadas actividades, pero dejó claro que no pueden sustituir las funciones que requieren razonamiento humano, particularmente la valoración de hechos y pruebas, la motivación de la decisión y la adopción de la providencia.
Además, destacó principios como transparencia, responsabilidad, privacidad, verificación y supervisión humana.
Por ello, utilizar Ariel como “simulador judicial” debe comprenderse estrictamente como una herramienta analítica.
No existe un “juez artificial” que pueda garantizar cómo será resuelto un proceso. Existen, en cambio, herramientas capaces de organizar grandes cantidades de información y ayudar al profesional a identificar los factores que podrían ser relevantes para una eventual decisión.
Simular también la audiencia
El ejercicio puede extenderse más allá de los escritos.
Ariel puede utilizarse para anticipar preguntas difíciles que podrían formularse durante un interrogatorio, una audiencia o una reunión de negociación.
Por ejemplo:
“Con base en la teoría del caso de la contraparte, formula diez preguntas difíciles que podrían realizarse al representante de mi cliente y explica qué aspecto de nuestra versión intenta controvertir cada pregunta.”
También podría pedirse:
“Asume el rol del juez durante una audiencia y formula preguntas dirigidas a aclarar los cinco aspectos más débiles o ambiguos del expediente.”
La utilidad está nuevamente en anticipar.
La primera vez que el abogado enfrenta una pregunta problemática no debería ser necesariamente delante de la contraparte o del despacho.
Un segundo análisis que siempre necesita supervisión
El Consejo Superior de la Judicatura, mediante el Acuerdo PCSJA24-12243 de 2024, adoptó lineamientos para el uso responsable, seguro y ético de inteligencia artificial en la Rama Judicial.
Entre otros aspectos, reconoce usos relacionados con búsqueda, recopilación, síntesis y análisis de información jurídica, al tiempo que exige control humano y revisión detallada de los resultados.
La misma lógica debe aplicarse al ejercicio profesional.
Una herramienta de inteligencia artificial puede detectar un argumento que el abogado no había considerado, pero ese argumento debe verificarse. Puede identificar jurisprudencia relevante, pero las providencias deben consultarse. Puede señalar una aparente contradicción documental, pero el profesional debe determinar si jurídicamente tiene importancia.
La tecnología amplía la capacidad de análisis. La responsabilidad continúa siendo humana.
Protección de información y confidencialidad
Existe además una consideración indispensable: los documentos jurídicos pueden contener información sensible.
Expedientes, contratos y comunicaciones pueden incluir datos personales, historias clínicas, información financiera, datos de niños, secretos empresariales o documentos sometidos a reserva.
La Ley 1581 de 2012 establece el régimen general colombiano de protección de datos personales, mientras que la Superintendencia de Industria y Comercio ha desarrollado lineamientos específicamente relacionados con el tratamiento de datos personales mediante sistemas de inteligencia artificial.
Por ello, antes de incorporar información a cualquier herramienta tecnológica deben considerarse la naturaleza de los datos, la finalidad del tratamiento, las condiciones de seguridad y las obligaciones de confidencialidad correspondientes.
Una forma diferente de trabajar un expediente
Quizás el cambio más interesante consiste en dejar de pensar la inteligencia artificial únicamente como una herramienta que responde preguntas.
También puede utilizarse para formularlas.
¿Qué parte de mi demanda está peor probada?
¿Cuál sería la excepción más peligrosa?
¿Qué documento podría interpretar la contraparte de otra manera?
¿Qué afirmación estoy tratando como un hecho cuando realmente es una inferencia?
¿Qué tendría que ocurrir probatoriamente para que mi posición pierda fuerza?
¿Qué preguntaría un juez después de leer ambas versiones?
Ese tipo de interrogantes convierten a la inteligencia artificial en una herramienta de contraste.
Conclusión
Una estrategia jurídica sólida no debería construirse exclusivamente alrededor de las razones por las cuales puede prosperar. También debe examinar cuidadosamente las razones por las cuales podría fracasar.
Utilizar Ariel como contraparte permite anticipar objeciones, detectar vacíos probatorios, descubrir interpretaciones alternativas y evaluar la resistencia de una teoría del caso frente al mejor argumento contrario.
Utilizarlo como simulador judicial permite observar el mismo expediente desde una perspectiva neutral, organizar los problemas jurídicos y construir posibles escenarios de decisión según las normas, argumentos y pruebas disponibles.
La inteligencia artificial no reemplaza al abogado ni al juez. Su valor aparece precisamente cuando ayuda al profesional a prepararse mejor para interactuar con ambos.
En litigio, descubrir una debilidad después de que la contraparte la plantea puede ser un problema. Descubrirla antes puede convertirse en estrategia.
Fuentes
- Consejo Superior de la Judicatura. (2024). Acuerdo PCSJA24-12243 de 2024. Por el cual se adoptan lineamientos para el uso y aprovechamiento respetuoso, responsable, seguro y ético de la inteligencia artificial en la Rama Judicial.
- Congreso de Colombia. (2012). Ley Estatutaria 1581 de 2012. Por la cual se dictan disposiciones generales para la protección de datos personales.
- Corte Constitucional de Colombia. (2024). Sentencia T-323 de 2024.
- Superintendencia de Industria y Comercio. (2024). Circular Externa 002 de 2024. Lineamientos sobre el tratamiento de datos personales en sistemas de inteligencia artificial.